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BLOG YOGA

Blog de María Isabel Henao Vélez, Jignasu de la Tradición de Satyananda Yoga. Instructora de yoga, Periodista, Especialista en Medio Ambiente, Actriz y estudiosa de temas de salud, bienestar y nutrición.

LA DANZA, MEDITACIÓN EN MOVIMIENTO

spiritual dancer

Adoro bailar. Desde muy niña, la sensación de que mi cuerpo podía moverse con gracia y hacerme sentir un todo en movimiento, por cortesía de la música, fue un descubrimiento alucinante. Y cuando digo "un todo" es que en los momentos en los que bailaba, me sumergía en el aquí y el ahora y tenía una perspectiva de propiocepción de mi cuerpo, que ningún otro momento lograba generar.

La sensación de ser consciente, de fluir en el movimiento, de ser uno con él, tuvo sus primeras experiencias en un columpio. En la Cumbre, una población de alta montaña cercana a Cali, mis abuelos solían alquilar una pequeña finca de recreo. No sé cuántas, pero apuesto que incontables fueron las horas que pasé balancéandome en el columpio de un pequeño bosquecito junto a la casa. Al vaivén del viene y va, sentía que el verde de los árboles y los trinos de los pájaros pasaban a través de mi cuerpo de niña cual rayos invisibles. Creo que esa fue una de las tempranas experiencias de conciencia que marcaron el interés por navegar en mi interior. Entonces no sabía que eso tenía un nombre: meditación.

Para meditar no solamente tiene que quedarse absolutamente quieto en flor de loto y seguir los pasos de alguna cartografía autorizada para navegar en su mente, atravesando las capas de barullo mental para acercarse a su ser interior. Sirve, si, y es ideal que usted logre esos espacios, pero si es una de esas personas activas que le teme a tanta quietud o se aburre y cae como un bulto al piso porque se durmió, quizá lo suyo es empezar con una práctica meditativa en movimiento.

Hagamos un poco de historia. Swami Satyananda en su libro "Caminos para realizar el ser" nos recuerda que la danza siempre ha sido un medio para expresar estados interiores. Algunas religiones antiguas la han utilizado para alcanzar estados de trance meditativo y alcanzar conocimientos intuitivos. La danza es un medio para entrar en comunión con lo sagrado que hay dentro de nosotros y para enviar energía al cosmos a través de ese contacto. En este sentido, la danza es una verdadera meditación pues representa el camino, el medio y la unión de nuestro ser interior con el ser superior, llámese Dios, universo o espíritu divino. Swami Satyananda explica muy bien el objetivo de las danzas espirituales de diferentes tradiciones culturales como el "desarrollar la percepción intuitiva del camino hacia la espiritualidad, sus medios y sus fines, permitir que la persona se deshaga de todas las cargas pesadas, sea alegre y eufórica en su interior y disciplinada y sólida en el exterior".

Algunos ejemplos de estos "danzantes espirituales" son las danzas indias Kathakaly y Bharata Natyam; las chinas y japonesas Kabuki y Noh; las danzas bosquimanas y de los Kung del desierto de Kalahari y los hipnóticos movimientos giratorios de los derviches en la danza sufí. El objetivo de estas danzas espirituales es alcanzar un estado de éxtasis y experimentar la unidad. En el caso de la tradición Sufí, antes de iniciar la danza se realizan ejercicios de control de las corrientes de energía mediante la respiración, se repiten palabras y frases sagradas y se practica alguna técnica de meditación, todo ello para comprender que el cuerpo es un templo divino. Y como dice Swami Satyananda: "Una vez que una persona encuentra lo divino dentro de sí, permanece allí dondequiera que vaya y en todas las circunstancias".

Pero no hay que irse muy atrás. Más cercanas a nuestros tiempos, están la Pantomima, que busca hacer visible lo invisible y ocultar aquello que resulta evidente, con el fin de producir el efecto mágico de ver lo que no está ahí. Dice Swamiji que un maestro de la pantomima deber ser también un maestro de la meditación, pues su arte tiene que ver con el silencio y el control de la mente. No se trata de un silencio vacío, pues en su interior hay música, poesía y un universo vasto e infinito. Otro ejemplo de la modernidad, son las danzas complejas y exigentes de Gurdjieff y el camino suave y delicado de la biodanza.

Con esto no quiero decirle que tiene que hacerse bailarín profesional o ir a sesiones de danza colectiva para hacer movimientos en los que se siente "haciendo el oso". Lo que deseo es que si a usted le gusta el baile así sea de rumba, invite a su mente y a su cuerpo a ser plenamente conscientes y a sumergirse en lo más profundo del fluir de sus movimientos. Y si usted es de esos que no baila, por las razones que sean, lo invito a buscar en su interior cuál es el freno de mano que lo detiene y desengrane su vehículo. No se va a arrepentir. Empiece solo en la intimidad de su casa, coja confianza, y quizá después, descubra la delicia de que puede moverse con gracia sin importar que otros le miren o no. Así le sirva sólo para caminar más pleno y a gusto, o para bailar la Cumparsita en alguna milonga.

Voy a narrar para usted un sencillo ejercicio de danza para conectarse al 100% con su aquí y su ahora, y para vaciar la mente sumergiéndose totalmente en el movimiento. Se inspira en un ejercicio incluido en El libro de la terapia del sonido, de Olivia Dewhurst-Maddock.

Elija una música que signifique algo para usted. Permanezca de pie un momento, equilibrado y relajado. Escuche la música; sienta su ritmo. Empiece a moverse y a bailar, pero usando solo los pies al principio. Cuando sus pies hayan captado el ritmo, amplíe gradualmente su movimiento a las piernas; después, a las rodillas; vaya subiendo por la cadera y el cuerpo a los brazos y las manos, hasta llegar por último al cuello y a la cabeza. Intente llevar los sonidos, la melodía y el ritmo a todas las partes de su cuerpo. Disfrute la música no solo con los oídos, sino también con los huesos y los músculos, con la sangre y con los nervios; haciéndoles un barrido de consciencia, sintiéndolos plenamente y rotando su atención por ellos. No tenga prisa. Cuando se sienta preparado para completar el ejercicio, vaya cerrando cada zona del cuerpo, una a una en orden inverso desde la cabeza hasta los pies, y recupere la inmovilidad cuando la música sea superada por el silencio. En quietud, de pie o acostado en el piso si le place, lleve por unos momentos la atención a la respiración y dese cuenta de cómo recupera el aliento. Luego pregúntese: ¿Qué zonas de su cuerpo "bailaron" con más facilidad? ¿Hubo partes de su cuerpo que querían seguir bailando? ¿Sintió la música durante todo el ejercicio? ¿Su mente se fue tras otros pensamientos mientras bailaba? Responda a estas preguntas y así cada vez que repita la experiencia, intente centrarse en la participación total del cuerpo, para conseguir estar en contacto consigo mismo y experimentar la coordinación y la flexibilidad, que son el propósito del ejercicio.

Espero que lo disfrute, y que sea una puerta de entrada a otras prácticas meditativas ya sea en movimiento o quietud, pero que le acerquen más a la maravillosa persona que yace dentro de usted. ¡Buen viaje!
Om Shanti,
Maísa.

 

 

  • Nombre: María Isabel Henao Veléz
  • Twiter : https://twitter.com/MaisaMundoVerde

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Comentarios   

#1 BestKimberley 19-11-2018 12:07
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