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BLOG SALUD

Blog de salud, Conocimientos e Ideas para conservar la Vida Sana desde la Medicina Biológica.

CONTAMINACIÓN COMUNICATIVA Y TELÉFONOS CELULARES. ALGO MÁS QUE CAMPOS ELECTROMAGNÉTICOS.

 Telefonía celular

  

La expansión de la telefonía celular en el mundo, ha llevado a plantear la discusión sobre el nivel de toxicidad de las radiaciones electromagnéticas que producen los aparatos telefónicos, así como las estaciones de base que permiten la emisión y recepción de las radiofrecuencias para que nos podamos comunicar por este sistema. La Organización Mundial de la Salud creó un comité para el estudio de los campos electromagnéticos en 1996, como parte de las medidas de estudio para indagar por el efecto en la salud de los seres humanos de la expansión de la telefonía celular. De acuerdo con los expertos (ver: https://www.osiptel.gob.pe/repositorioaps/data/1/1/1/faq/pregf-acercantenas/files/telfoniamovil_y_su_salud.pdf), no hay aún evidencias de que la telefonía celular sea responsable de efectos nocivos en la salud humana, porque las dosis de las radiaciones electromagnéticas de radiofrecuencia de los aparatos sólo producen aumentos locales de la temperatura sin efectos ionizantes. Sin embargo, lo más seguro es que no podamos evaluar claramente la sumatoria de estos campos, cuando hay una cantidad tan elevada de aparatos emitiendo y recibiendo señales, como la que existe a nuestro alrededor hoy en día en cualquier medio de interacción humana. Podríamos pensar entonces que en este experimento tecnológico, aún no tenemos toda la información para evaluar su efecto a corto, mediano y largo plazo.

Algo más que la radiación

Pero bastará con decir que más vale aplicar el principio de precaución, y estimar que todo exceso de uso y contacto con los centenares de aparatos a nuestro alrededor tiene que tener dosis elevadas y no calculadas de radiación a las que podemos oponernos disminuyendo el contacto directo y permanente de los aparatos celulares con el cuerpo, y en los momentos en que no los necesitamos (al dormir, al descansar, y en otros momentos de la vida cotidiana). Quizás más relevante es considerar que parte de la salud, es el mantenimiento de óptimas condiciones de interacción con los demás en los espacios sociales de intercambio. Y a este respecto, la telefonía celular ha implicado mayores perturbaciones con consecuencias muy graves en nuestra calidad de vida. En efecto, las condiciones de comunicación mediadas por la telefonía celular, han destruido los circuitos tradicionales de la interacción social (ver: H. Salcedo, “Dislocación de la gramática conversacional en la telefonía móvil”, Vínculos Virtuales, CES, Universidad Nacional de Colombia, 2011) y han modificado nuestra forma de expresar el deseo, la voluntad, la decisión, y en general, de asumir la relación con los demás.

El auge de los teléfonos llamados “inteligentes” ha construido una relación humano-máquina cercana  a las formas adictivas de la dependencia de las sustancias que han sido creadoras de círculos de alienación biológica. Su aparente capacidad interactiva ha situado a la especie en un lugar relacional que ha reemplazado la relación humano-humano. No hay que tener mayor agudeza, para observar la modificación del momento de las comidas, en su origen momento relacional por excelencia, para sorprendernos ante la interacción entre los humanos y sus teléfonos celulares durante los momentos compartidos del almuerzo o de las comidas del día. La interferencia de los aparatos celulares en las relaciones diarias, se agrandan y entorpecen los fluidos de la comunicación humana directa.

Se ha visto cómo el uso de los teléfonos celulares en la conducción (durante ella) de automóviles, puede llegar a ser más peligroso que el de la conducción bajo efectos de drogas y/o alcohol. Sin embargo, moralmente este uso no pasa por los juicios que han generado la condena de los otros.

En países como Suecia, las comunicaciones y el transporte, hacen parte de la constitución de las bases de la salud humana. Porque son un eje del desarrollo de las relaciones humanas que conducen a construir colectivamente modos de vida basados en la cooperación, y por ende, en la ayuda y el progreso común. En países como Colombia, estamos lejos de reconocer institucionalmente estos rasgos de lo que es una idea de salud integral, pero además, ignoramos las transformaciones que estos usos excesivos de las tecnologías producen sobre nuestra condición humana.

Probablemente sea válido pensar ahora que, antes de temer las radiaciones electromagnéticas de la radiofrecuencia de un aparato celular, es quizás más preocupante amordazar los caminos de la interacción social que nos hacen más humanos, como conjunciones biológicas, espirituales, éticas y morales que somos,  antes que como conjuntos celulares en medio de campos físicos y energéticos.

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